Antes que la memoria se nos pierda, ¿Otra escuela es posible?

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En el tiempo de la pandemia, todo se construye en el día a día y eso, entiendo, debiera ser la premisa fundamental, tanto para autoridades como para ejecutorxs directos de las acciones que se ponen en funcionamiento en épocas “normales”, ahora, en este diferente momento de la vida que estamos atravesando, no sólo en nuestro País. En todo el mundo ocurren las cosas que ocurren, que son similares, y por ello estamos en un estado de excepción.

La angustiosa contingencia del porvenir es la única certidumbre”

En el tiempo de la pandemia, todo se construye en el día a día y eso, entiendo, debiera ser la premisa fundamental, tanto para autoridades como para ejecutorxs directos de las acciones que se ponen en funcionamiento en épocas “normales”, ahora, en este diferente momento de la vida que estamos atravesando, no sólo en nuestro País. En todo el mundo ocurren las cosas que ocurren, que son similares, y por ello estamos en un estado de excepción.

Esto quiere decir que no debemos movernos en los extremos. El movimiento debe ser prudente y con absoluta rediscusión de lo conocido.

Nos parece que sabemos y hasta lxs más expertos diferencian opiniones. En estados de normalidad tenemos diferencias de estrategias y de opiniones, más aún, en estados de excepcionalidad. Cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de lo que nos pasa, menos conocemos por la multiplicidad de factores que rodean el problema. Por mi formación pretendo vincular este estado de incertidumbre, con el Principio de Incertidumbre[2], que define una de las diferencias fundamentales entre física clásica y física cuántica y me lleva a buscar hilos de interpretación entre la Escuela que conocemos y este momento, para intentar tejer una parte de la malla que se vislumbra en el mundo por venir, a pesar de las incertidumbres. No es tarea fácil ya que según el principio enunciado a medida que intento acercarme al objeto se cruzan muchas teorías que perturban lo que se pretende clarificar.

La Escuela es irremplazable y por ello nos encontramos en un estado de incertidumbre cuando examinamos y pretendemos utilizar los procedimientos experimentales, las herramientas, las estrategias, lo conocido, las “certidumbres” en este momento de incertezas. Generalmente cuando intentamos medir las variables en juego, en el estado de normalidad, siempre quedan dudas, las que hoy se perturban más aún.

Todxs sabemos, más allá de las imperfecciones de la escolarización masiva, que el sistema escolar es la mejor estrategia para garantizar una mínima igualdad de oportunidades y de posibilidades, sabiendo también que el punto de partida no es igual para todxs. En esta situación de escolaridad virtual en la que el sistema se encuentra, cobra mucha más importancia el conocer los puntos de partida de cada uno de los niños, niñas y adolescentes, también adultxs. Cuando expreso esta última opinión lo hago en el sentido más amplio ya que se visualiza más violentamente la desigualdad no sólo en conocimientos compartidos sino en estrategias tecnológicas y el uso de los medios que no existen. En muchos de los casos de estudiantes con discapacidad más aún se sobresalen las desigualdades educativas no sólo por la falta de las relaciones cara a cara, desde lo emocional, sino también de la ausencia de tecnología adecuada. Aquí es dónde cobra importancia en tiempos de enseñanza el cómo la escuela “busca contenidos” dentro del entorno familiar para que su proceso educativo en tiempos de pandemia sea efectivo.

Dentro de toda la buena voluntad de cada educador/a de cada Escuela, de cada autoridad educativa, muchos errores aparecerán dentro del aprendizaje de estrategias virtuales, comparando con las que acostumbramos en el cara a cara. Será a mi modo de ver, acordar un buen mecanismo de evaluación de lo que se hizo y de lo que no debiera hacerse en circunstancias parecidas, sobre todo teniendo en cuenta las desigualdades que la Escuela no debiera obtener.

Nos hemos paralizado y el pánico inicial nos enfrentó en el correr del tiempo, de este poco tiempo de aislamiento social, con innumerables tensiones. Lo individual y lo colectivo; la certeza de la norma y lo difuso de la misma; libertad y autoritarismo; del trabajo cara a cara al teletrabajo; igualdad y desigualdades; el encuentro y el aislamiento; Estado y el Mercado; tiempos ordenados y desorden de los tiempos, etc.

¿Estas y muchas otras tensiones que irán apareciendo desaparecerán cuando “finalice” la pandemia?

¿Ya no serán parte de nuestro debate o nos servirán para pensar en otra realidad que la Escuela debiera seriamente construir?

¿Nos servirá para debatir y pensar curricularmente qué motivó este estado de situación?

¿Otra Escuela Es Posible, será realidad?

¿Qué Curriculum es el que debemos pensar para no volver a encontrarnos aceleradamente en la situación actual?

¿Es posible que el futuro no repita el pasado?

¿Pensaremos en una Escuela diferente, en un mundo que inevitablemente será política, económica, ecológica y socialmente, de funcionamiento diferente? ¿Seremos capaces de pensar en una Escuela Pública para profundizar el Estado Social?

¿Qué estrategias de formación y de capacitación debemos empezar a pensar para no repetirnos?

Estas son alguna de las tantas preguntas que me aparecen y que, sumadas a las que seguramente, en forma cotidiana, deben rondar en la cabeza de cada unx de lxs actorxs que se vinculan en esta etapa que estamos viviendo, se conforma un entramado de maravillosos puntos de partida, los que pueden dar inicio a reales cambios hacia otra Escuela, o, la vuelta a lo que estamos viviendo.

Los y las Estudiantes, docentes, autoridades, familias tendrán en su haber miles de preguntas y algunas respuestas, todo ello surgiendo de las inevitables comparaciones que se harán desde los diferentes ángulos, miradas y hasta impresiones de qué hacemos, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos.

Las tensiones no sólo son pedagógicas, también políticas. Asistimos, precisamente el día 23 de abril, Internacional del Libro, a la vista de una carta abierta, “Que la Pandemia no sea un Pretexto para el Autoritarismo”, propiciada por el premio nobel de literatura, Vargas Llosa que, entre otras representaciones internacionales se suma el nefasto expresidente Mauricio Macri.

¿Qué dicen? En la misma línea planteada por el prestigio de las concentraciones de capital, las empresas y que se mueran lxs que se deben morir al estilo de D. Trump y J. Bolsonaro, critican a los gobiernos “populistas” para apuntar al necesario fracaso que acechan, para crecer políticamente afirmando que, “muchos gobiernos toman medidas que restringen indefinidamente libertades y derechos básicos”.

¿Quiénes son? Lxs de siempre, lxs que lucran con las crisis, lxs que concentran en las crisis el mejor capital. La derecha más aberrante y que sólo le interesa la acumulación del capital, al afirmar, entre otras aberraciones, que, “a ambos lados del Atlántico resurgen el estatismo, el intervencionismo y el populismo con un ímpetu que hace pensar en un cambio de modelo alejado de la democracia liberal y la economía de mercado”.

Son guaridas de lxs antidemocráticxs que se disfrazan bajo la “Fundación Internacional para la Libertad (FIL)”.

¿La escuela estará en silencio ante estas tremendas contradicciones que afloran visiblemente? Los Ministerios de Educación, ¿no dirán nada al respecto? Corresponde que se analicen estas contradicciones y que se fije postura para esas posiciones, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría tuvo la “desgracia” de caer en la Escuela Pública. La Escuela y el Estado no pueden soslayar estas contradicciones si pretendemos analizar que, después de esto, viene una Escuela nueva. Si no es así todo será palabras huecas, de circunstancias y borrón y cuenta nueva. Estado y Escuela que deben acompañar la recesión que inevitablemente vendrá, estar a la par de los sectores más vulnerables, intervenir y poner límites, distribuir para evitar mayor pobreza y desigualdades fijando entre todxs nuevos horizontes.

Tonucci expresa y nos invita a pensar e imaginar cuando dice: “Si cambió todo, la escuela no puede seguir igual que antes”.[3]

En función de la categorización de Althusser, las Escuelas, como otras Instituciones, funcionan ideológicamente como aparatos del Estado y lo demostrado en esta inédita situación de pandemia que toca a más de un tercio de la población mundial, obliga con mayor detenimiento a debatir sobre la función de la Escuela y cómo ayudar a formar una presencia mayor del Estado, como parece ser una de las primeras consecuencias en esta situación que atravesamos.

Es de suponer que en estos nuevos vínculos aparecieron en los y las educadores/as muchos interrogantes y muchas dudas no sólo, como algunos sectores pretenden hacer aparecer que el problema es la faz tecnológica. Pienso que en más de un/a educador/ra deben haber aparecido preguntas de por qué enseñamos lo que enseñamos y no otros conceptos; de cómo lo enseñamos y por qué evaluamos y cómo lo evaluamos, etc. Esto, genera sin dudas, una serie de cuestionamientos de cómo funciona la Escuela que conocemos, qué se necesita para cambiar, qué debe profundizarse pedagógica, legislativa y económicamente para que otra Escuela sea posible. Este debate es el desconocido que debe empezar a conocerse a través de las preguntas y respuestas que todxs nos hacemos para proyectar el futuro. Es lo que debiera surgir en este estado de situación y de este estado de vivencias. Por si quedaran dudas, no debemos pensar en este espacio diferente a lo escolar, en acreditar y mucho menos calificar, sí evaluar y establecer un amplio debate para qué pensemos que significado adquiere el concepto de acreditación.

El otro debate, el que las grandes empresas, lxs negociadores, lxs mercaderes pretenden decirnos, que nos asustamos por que la tecnología no es el fuerte de lxs educadores, es parte de la gran mentira para hacer nuevos y grandes negocios y millonarios ingresos. Este tema sí lo conocemos. Que no nos encuentre en el medio sin tener la posibilidad de discutir qué es lo que se necesita en los espacios escolares. [4] Este artículo de referencia, indica claramente quienes ganan, cuánto y cómo lo hicieron en diferentes etapas, en los negocios de internet.

Un nuevo amanecer será distinto.

Deberá ser distinto como consecuencia de un retorno a las escuelas que no podrá ser como todos los años de las historias escolares, ya que sin duda muchas historias conocidas y no tan conocidas deberán ser parte de ese retorno para enriquecer las respuestas a las dudas planteadas en esta experiencia masiva de “escolarización virtual”. Qué formatos escolares tenemos y cuáles debieran ser. Las desigualdades que aparecieron con mayor notoriedad, que, por conocidas, en tiempos de aislamiento social, preventivo y obligatorio exaltaron y profundizaron las desigualdades existentes. Queda por analizar con mayor profundidad las causas que nos colocan ante estas injusticias sociales que se multiplican en tiempos de pandemia y sus efectos colaterales, además de pensar ¿qué es posible hacer desde la Escuela Pública y sus políticas?, ¿Cómo se analizará la trayectoria escolar de los y las estudiantes en estos tiempos de pandemia?, y qué es lo que debe analizarse y evaluar para compartir aprendizajes entre estudiantes, familias y docentes.

A esta altura de los acontecimientos, estoy invitando a que pensemos en cómo en este momento histórico, de pérdidas de fuente de trabajo, de caídas estrepitosas del crecimiento del PBI en la inmensa mayoría de los países del mundo, de la gran acumulación de capital que acontece, como sucede en todas las crisis, a la vez que se da un gran crecimiento de la pobreza, de fragmentación social y la búsqueda de alternativas para sobrevivir; la Escuela, los educadores, las educadoras, la sociedad , deberemos pensar en un nuevo contrato social, que marque un nuevo mandato educativo. El “mandato educativo civilizador originario de nuestro Trabajo Docente, exaltaba la tarea de los maestros por su contribución a la conformación de un nuevo orden social”[5]. En este estado de situación con las consecuencias resaltadas, deberemos pensar e imaginar ese nuevo orden social y por lo tanto pensar otra Escuela. Sabiendo que las escuelas tienen elementos y características básicas para funcionar, entre los cuales se encuentran los Diseños Curriculares para cada Nivel Educativo será necesario la revisión y una nueva mirada de los mismos. En tanto, la Escuela, aparato ideológico del Estado, necesariamente debe constituirse en espacio de investigación y acumulación de saberes y de producción de nuevos conocimientos.

Es este el momento.

Es también el momento de debatir la estructura necesaria de la Escuela para acompañar los Diseños Curriculares. Es necesario debatir para romper el entramado neoliberal de sus esferas políticas, económicas, jurídicas y culturales, que no permite en el proceso de formación avanzar hacia un proyecto Educativo de País, que traba en forma sistemática el crecimiento en todos los órdenes y por ende la justa distribución de la riqueza entre trabajadorxs y patronxs.

Nunca imaginamos lxs que transitamos parte del siglo pasado y del presente que tendríamos que discutir la Escuela en un antes y en un después, en bisagra por una pandemia. Nunca antes nos pasó en términos de globalización. Crisis de todo color y dolor internacionales, nacionales y provinciales atravesaron nuestros decires y saberes, pero nunca nos encontramos con este quiebre en el funcionamiento de la Escuela como la conocemos. Allí es, entonces, donde es de suponer que aparecerán todas las comparaciones posibles y necesarias para pensar otra Escuela.

Paulo Freire, en “Educación Liberadora”, en 1975 manifestaba[6]:

– Si aceptamos que la política es “la dirección racional y activa de cualquier proceso social”, aceptamos que la educación es también política: debe captar la situación histórica para estar en su dinámica y proyectarse radicalmente, (entendiendo por radicalidad la capacidad de insertarse en la realidad para conocerla y transformarla).

– La búsqueda inconsciente de la seguridad, conduce regularmente al educador a fanatizar y endurecer procedimientos y concepciones que lo colocan, a él y a su trabajo, fuera de la realidad histórica.

– Es necesaria mucha atención, mucha concentración, para estar continuamente en la dinámica del proceso del mundo, para captarlo e instrumentarlo radicalmente. Es decir, es necesaria mucha actitud política.

– Es difícil distinguir entre educación y política. Debe ser porque la verdadera política es pedagógica y la educación es necesariamente política.

Ahora bien, para que eso se produzca debe romperse la falsedad existente y las contradicciones entre el discurso legislativo democrático y la realidad autoritaria existente. No puede pensarse en avanzar en estrategias de cambio cuando las estructuras son verticales y represoras.

Invito a analizar el Título X de la Ley 4819, de Educación, en particular el Capítulo V en sus artículos 180 a 184 de los Consejo escolares. Estos puntos que se encuentran definidos con la representación directa de actores, es la mentira más clara y flagrante de que al poder que gobierna el Estado no le interesa para nada la presencia y participación de las representaciones de los actores Institucionales. Es mentira la existencia deliberativa de las decisiones al no existir representación efectiva ni siquiera el intento real de su ejecución. Pasaron 8 años de efectiva mentira, inclusive, cuando se constituyeron los Consejos Escolares con falsas representaciones de padres y sindicato docente, cuyos detalles no daré por no ser el tema central en este análisis, pero que se encuentra en la memoria colectiva principalmente de educadorxs y en el sindicato docente. Sí, lo es la conformación de espacios de debates y de decisiones que no se cumplieron con el fin previsto en la ley, al contrario, lo hicieron y sólo con interés personal y partidario. Es mentira, pura mentira y si miramos para atrás muchas de estas cuestiones se encuentran en la misma categoría de análisis. Ahora bien, la pregunta que nos tenemos que hacer es ¿Por qué dejamos que se haga lo que no se tiene que hacer? En lo personal lo he denunciado en reiteradas oportunidades con artículos periodísticos.

Todxs debemos preguntarnos ahora en esta situación, ¿Cuántos temas, incluido el coronavirus, hubieran sido definidos, en estrategias y acciones, de manera más amplia, más integral, más democráticas, si las partes estuvieran representadas? Al menos la transparencia, las decisiones, los insumos, la realidad, los problemas, las faltantes y los errores nos hubieran servido en 8 años de aprendizaje y crecimiento colectivo. Todavía sigue siendo una gran farsa y en esto los poderes del Estado mienten.

Si esto no se modifica seriamente no habrá cambio posible.

La Escuela es irremplazable, no sólo porque allí se construye trabajo colectivo. Se construyen afectos, relaciones, miradas, abrazos, llantos y muchas emociones que, cada docente en estos tiempos habrá sentido la cachetada electrónica ante la distancia que construye la cercanía de los aparatos que nos tienen tan cerca y tan lejos.

En las capacitaciones sobre Legislación y Política Educativa, en numerosas oportunidades a lo largo de varios años, he preguntado quien conocía, de lxs docentes, el capítulo correspondiente a Educación que se halla en el texto de la Constitución de nuestra Provincia. La inmensa mayoría desconoce que dice y más aún el texto del artículo 62 que expresa la finalidad de la Educación en Río Negro: “Artículo 62.- La educación es un instrumento eficiente para la liberación, la democracia y el inalienable respeto por los derechos y obligaciones del hombre. Es un derecho de la persona, de la familia y de la sociedad, a la que asiste el Estado como función social prioritaria, primordial e irrenunciable, para lograr una sociedad justa, participativa y solidaria.”

Consecuentemente con esto la Escuela es el espacio político pedagógico donde se construye ciudadanía. Es decir, se forman lxs ciudadanxs. Ese personaje que a más de un políticx en campaña recorriendo escuelas le gusta decir que “los niños son el futuro de nuestra patria”. No nos preguntamos por el Presente, por esxs niñxs que hoy en esta tremenda situación sanitaria nos muestra la cara más amarga de la desigualdad.

En las capacitaciones realizadas para concurso de cargos directivos, llevado adelante con el empuje de la Escuela R. Walsh, de nuestro gremio UnTER, presenté una propuesta de análisis de las Instituciones educativas a conducir para quienes se presentaron en ese concurso y a la pregunta inicial de ¿por qué y para qué quieren ser directores/as? Coloqué en debate las siguientes dimensiones de las Escuelas: Pedagógico Didáctico, Administrativo, Socio comunitario, Política, Estética y Ética. Cruzando las mismas desde los campos de análisis de lo Formativo, Organizativo, Normativo y valorativo. No describiré detalles sólo referencio la posibilidad de pensar en Dimensiones Institucionales, que sumen a las habituales, una mirada más amplia que nos permita pensar en una Escuela Nueva.

Transcribo unas consideraciones, que entiendo excelentes de un artículo, que detallo en referencia, para colaborar en la construcción de propuestas de cambio. A saber:

“Nunca se ha hablado tanto de solidaridad: ¿vamos a promover una verdadera pedagogía de la cooperación?

Nunca se ha hablado tanto del bien común: ¿nos vamos a dar cuenta de que, para tomar conciencia del bien común, no todas las prácticas pedagógicas son iguales?

Nunca se ha hablado tanto de la necesidad de cuidar de lxs demás: ¿vamos a hacer de la ayuda mutua un valor cardinal de nuestra escuela y reemplazar la competencia mortal?

Nunca se ha dicho tanto que nuestro futuro sólo puede pensarse en términos de la dimensión de nuestra «Patria»: ¿haremos por fin de la ecología algo distinto de un «suplemento de alma», conectado lo mejor posible a los programas canónicos?” [7]

¿Cómo construimos la Escuela que nos espera en un tiempo más?…

¿Cuáles serán los elementos más importantes en el funcionamiento institucional?
¿Qué presupuesto es el que se necesita para garantizar otra escuela?
¿Qué distribución de estudiantes organiza las aulas?
¿Qué tamaño de escuela es la que debemos tener?
¿Qué aprendimos de evaluación en este período de no evaluación?
¿Qué aprendimos de los ritmos de aprendizaje en estos tiempos de diferentes tiempos?
¿Qué actores consideramos que deben entrar sí o sí en este debate?

… Sumemos preguntas y no demoremos el debate, antes que se nos pase el tiempo.

 

Por Héctor Roncallo
Profesor – Escritor – Dirigente – Ex Titular de UnTER